|
Dejemos a los troyanos, que sus males non los vimos, ni sus glorias, dejemos a los romanos, aunque oímos o leímos sus hestorias non curemos de saber lo d'aquel siglo pasado, qué fue d'ello vengamos a lo d'ayer, que tan bien es olvidado como aquello.   ¿Qué se hizo el rey Don Juan? Los infantes d'Aragón ¿qué se hicieron? ?Qué fue de tanto galán, qué de tanta invinción que trujeron? ¿Fueron sino devaneos, qué fueron sino verduras de lar eras, las justas e los torneos, paramentos, bordadura e çimeras?   ¿Qué se hicieron las damas, sus tocados e vestidos, sus olores? ¿Qué se hicieron las llamas de los fuegos encendidos d'amadores? ¿Qué se hizo aquel trobar, las músicas acordadas que tañín? ¿Qué se hizo aquel dançar, aquellas ropas chapadas que traían?   Pues el otro, su heredero, don Anrique, ¡qué poderes alcanzaba! ¡Cuánd blando, cuán halaguero el mundo con sus placeres se le daba! Mas verás cuán enemigo, cuán contrario, cuán cruel se le mostró: habiéndole seido amigo, ¡cuán poco duró con él lo que le dio!   Las dádivas desmedidas, los edificios reales llenos d'oro, las bajillas tan febridas, los enriques e reales del tesoro, los jaeces, los caballos de sus gentes e atauijos tan sobrados, ¿dónde iremos a buscallos? ¿Qué fueron sino rocíos de los prados?   Pues su hermano el inocente, qu'en su vida sucesor le ficieron, ¡qué corte tan excelente tuvo e cuánto grand señor le siguieron! Mas, como fuese mortal, metióle la muerte luego en su fragua, ¡Oh, juicio divinal! Cuando más ardía el fuego, echaste agua.   Pues aquel gran Condestable, maestre que conoscimos tan privado, non cumple que d'él se hable, mas sólo como lo vimos degollado. Sus infinitos tesoros, sus villas e sus lugares, su mandar, ¿qué fueron sino lloros? ¿qué fueron sino pesares al dejar?   E los otros dos hermanos, Maestres tan prosperados como reyes, c'a los grandes e medianos trujieron tan sojuzgados a sus leyes, aquella prosperidad qu'en tan alto fue subida y ensalzada ¿qué fue sino claridad, que cuando más encendida fue amada?   Tantos duques excelentes, tantos marqueses e condes e barones como vimos tan potentes, di, muerte, ¿dó los escondes e traspones? E las sus claras hazañas que hicieron en las guerras y en las paces, cuando tú, cruda, t'ensañas, con tu fuerça las atierras e desfaces.   Las huestes inumerables, los pendones, estandartes e banderas, los castillos impugnables, los muros e baluartes e barreras, la cava honda, chapada, o cualquier otro reparo, ¿qué aprovecha? Cuando tú vienes airada, todo lo pasas de claro con tu flecha.   Aquel de buenos abrigo, amado por virtuoso de la gente, el maestre don Rodrigo Manrique, tanto famoso e tan valiente: sus hechos grandes e claros non cumple que los alabe, pues los vieron, ni los quieros hacer caros, pues qu'el mundo todo sabe cuales fueron. (...)
Jorge Manrique (1440-1479) Coplas a la muerte de su padre (fragmento)
|