Muerte igualitaria
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Agradecemos a Óscar Ramos el envío de estos textos.

 

Textos clásicos

 

III

 
Nuestras vidas son los ríos

   
      Nuestras vidas son los ríos     
  que van a dar en la mar,     
  que es el morir,     
  allí van los señoríos     
  derechos a se acabar     
  y consumir      
      allí los ríos caudales,     
  allí los otros medianos     
  y más chicos,     
  y llegados, son iguales     
  los que viven por sus manos     
  y los ricos.     

 
  XXIII

 
Tantos duques excelentes

   
      Tantos duques excelentes,     
  tantos marqueses y condes     
  y varones     
  como vimos tan potentes,     
  di, Muerte, ¿do los escondes     
  y traspones?     
      Y las sus claras hazañas     
  que hicieron en las guerras     
  y en las paces,     
  cuando tú, cruda, te ensañas,     
  con tu fuerza las aterras     
  y deshaces.     

 

  Jorge Manrique    Coplas a la muerte de su padre

 

Y cuando llegue el día
del último viaje
y esté al partir la nave
que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo
ligero de equipaje,
casi desnudo,
como los hijos de la mar.

 
Antonio Machado    Campos de Castilla     

 

Texto enviado por Òscar Pérez Silvestre

La danza de la muerte
(Anónimo, siglo XV)

Dize la muerte
A la danza mortal venit los nacidos
que en el mundo sos de cualquiera estado,
el que non quisiere, a fuerza e amidos
fazerle he de venir muy toste priado.
Pues que ya el fraire os ha predicado
que todos bayáes a facer penitencia,
el que non quisiere poner diligencia
por mí no puede ser más esperado...
E porque el Santo Padre es muy alto señor
que en todo el mundo non hay su par,
e desta mi danza será guiador,
desnude su capa, comience a sotar.
Non es ya tiempo de perdones dar,
nin de celebrar en grande aparato,
que yo le daré en breve mal rato:
danzad, Padre Santo, sin más detardar.

Dize el Santo Padre
¡Ay de mí, triste, qué cosa tan fuerte,
a yo que tractava tan grand prelasía,
aber de pagar agora la muerte
e non me valer lo que dar sofía!
Beneficios e honras e grand señoría,
tove en el mundo pensando bevir,
pues de ti, Muerte, non puedo fuir,
balme, Ihesucristo e la Virgen María.

Dize la Muerte
Non os enojedes, señor Padre Santo,
de andar en mi danza que tengo ordenada,
nos vos baldrá el bermejo manto,
de lo que fezistes abredes soldada.
Non os aprovecha echar la cruzada,
proveer de obispos nin dar beneficios,
aquí moridedes sin facer más bollicios.
¡Danzad, imperante, con cara pagada!

Dize el Emperador
¿Qué cosa es ésta que atán sin pavor
me lleva a su danza a fuerza sin grado?
Creo que es la Muerte, que non ha dolor
de ome, que grande o cuitado.
¿No hay ningund rey nin duque esforzado
que della me pueda agora defender?
¡Acorredme todos! Mas non puede ser
que ya tengo della el seso turbado...

Dize el Condestable
Yo vi muchas danzas de lindas doncellas,
de dueñas fermosas de alto linaje,
mas segunt me paresce no es ésta dellas,
ca el tañedor trahe feo visaje.
¡Venid, camarero!: Dezid a mi paje
que traiga el cavallo, que quiero fuir,
que ésta es la danza que dizen morir:
¡si della escapo, tener me han por saje!

Dize la muerte
Fuir non conviene al que ha de estar quedo.
¡Estad, condestable! ¡Dexat el caballo!
Andad en la danza alegre muy ledo,
sin facer ruido, ca yo bien me callo.
Mas verdad os digo que al cantar del gallo
seredes tornado de otra figura,
allí perderedes vuestra fermosura.
¡Venid vos, obispo, a ser mi vasallo!

Dize el Físico
¡Mintiome sin dubda el fin de Avicena
que me prometió muy luengo bevir,
figiéndome bien a yantar y cena,
dexando el bever después del dormir!
Con esta esperanza pensé conquerir
dineros e plata enfermos curando,
mas agora veo que me va llevando
la muerte consigo: conviene sofrir.

Dize la Muerte
Pensaste bos, físico, que por Galeno
o don Ypocrás con sus inforismos
seríades librado de comer del feno,
que otros gastaron de más sologismos
non vos valdrá fazer gargarismos,
componer xaropes nin tener dieta.
Non se si lo oístes: yo so la que apreta.
¡Venid vos, don cura, dexad los bautismos!

Dize el Cura
Ya non es tiempo de yazer al sol
con los parroquianos beviendo del vino,
yo vos mostraré un remifasol
que agora compuse de canto muy fino.
Tal como a vos quero aber por bezino
que muchas ánimas tovistes en gremio:
segunt las registes abredes al premio.
¡Dance el labrador que viene del molino!

Dize el Labrador
¿Cómo conviene danzar al billano
que nunca la mano sacó de la reja?
Busca si te plaze quien danze liviano,
¡déxame, Muerte, con otro trebeja!
Ca yo como tocino e a bezes obeja,
e es mi oficio trabajo e afán,
arando las tierras para sembrar pan
por ende non curo de oír tu conseja.

Dize la Muerte
Si vuestro trabajo fue siempre sin arte
non faciendo furto en la tierra agena,
en la gloria eternal abredes grand parte,
e por el contrario sufridedes pena.
Pero con todo eso poned la melena,
allegadvos a mí yo vos buiré
lo que a otros fize a vos las faré.
E vos monje negro, tomad buen estrena...

Lo que dice la Muerte
a los que non nombró
A todos los que aquí no he nombrado
de cualquiera ley, estado o condición,
les mando que vengan muy toste priado
a entrar en mi dança sin escusación.
Non recibiré jamás exebción,
nin otro libelo nin declinatoria:
los que bien fizieron abrán siempre gloria
los que'l contrario abrán dapnación.

 

Texto enviado por Òscar Pérez Silvestre

De las vanidades del mundo


Por Dios, señores, quitemos el velo
que turba e ciega así nuestra vista
miremos la muerte qu'el mundo conquista
lanzando lo alto e baxo por suelo.
Los nuestros gemidos traspasen el cielo
a Dios demandando cada uno perdón
de aquellas ofensas que en toda sazón
le fizo el viejo, mancebo, mozuelo.

Ca non es vida la que bevimos,
pues que biviendo se viene llegando
la muerte cruel, esquiva e cuando
pensamos bevir, estonce morimos.
Somos bien ciertos dónde nascimos
mas no somos ciertos a dónde moremos.
Certidumbre de vida un ora non avemos
Con llanto venimos, con llanto nos imos.

¿Qué se fizieron los emperadores,
papas e reyes, grandes perlados,
duques e condes, cavalleros famados,
los ricos, los fuertes e los sabidores,
e cuantos servieron lealmente amores
faziendo sus armas en todas las partes,
e los que fallaron ciencias e artes,
doctores, poetas e los trobadores?

¿Padres e fijos, hermanos, parientes,
amigos, amigas, que mucho amamos,
con quien comimos, bevimos, folgamos,
muchas garridas e fermosas gentes,
dueñas, doncellas, mancebos valientes
que logran so tierra las sus mancebías,
e otros señores que ha pocos días
que nosotros vimos aquí estar presentes?

¿El duque de Cabra e el almirante
e otros muy grandes asaz de Castilla,
agora Ruy Díez, que puso mancilla
su muerte a las gentes en tal estante
que la su grant fama fasta en Levante
sonava en proeza e en toda bondat
que en esta grant corte luzié por verdat
su noble meneo e gentil semblante?

Todos aquestos que aquí son nombrados,
Los unos son fechos cenizas e nada
Los otros son huesos, la carne quitada
E son derramados por los fonsados
Los otros están ya descoyuntados,
cabeças sin cuerpos, sin pies e sin manos
los otros comienzan comer los gusanos
los otros acaban de ser enterrados.

Pues ¿dó los imperios e dó los poderes,
reínos, rentas e los señoríos,
a dó las empresas, a dó los traheres?
¿A dó las cïencias, a dó los saberes,
a dó los maestros de la poetría
a dó los rimares de grant maestría,
a dó los cantares, a dó los tañeres?

¿A dó los thesoros, vasallos, servientes,
a dó las firmalles, piedras precïosas
a dó el aljófar, posadas costosas,
a dó el algalia e aguas olientes?
¿A dó paños de oro, cadenas luzientes,
a dó los collares, las jarreteras,
a dó peñas grisses, a dó peña veras,
a dó las sonajas que van retinentes?

¿A dó los combites, cenas e ayantares,
a dó la justas, a dó los torneos,
a dó nuevos trajes, estraños meneos,
a dó las artes de los danzadores,
a dó los comeres, a dó los manjares,
a dó la franqueza, a dó el espender,
a dó los rissos, a dó el plazer,
a dó menestriles, a dó los juglares?...

Pues ende buen sesso era guarnescer
de virtudes las almas que están despojadas,
tirar estas honras del cuerpo juntadas,
pues somos ciertos que se han de perder.
Quien este consejo quisiere fazer
non avrá miedo jamás de morir,
mas traspasará de muerte e bevir
vida por siempre sin le fallescer.

Ferrat Sánchez Calavera (mitad s. XV)

 

Texto enviado por Òscar Pérez Silvestre

A la muerte

Seres queridos te miré sañuda
arrebatarme, y te juzgué implacable
como la desventura, inexorable
como el dolor y cruel como la duda.
Mas hoy que a mí te acercas fría, muda,
sin odio y sin amor, ni hosca ni afable,
en ti la majestad de lo insondable
y lo eterno mi espíritu saluda.
Y yo, sin la impaciencia del suicida,
ni el pavor del feliz, ni el miedo inerte
del criminal, aguardo tu venida
que igual a la de todos es mi suerte:
cuando nada se espera de la vida,
algo debe esperarse de la muerte.


Guillermo Blest Gana (1830-1920)

 

Texto enviado por Òscar Pérez Silvestre

Conoce las fuerzas del tiempo, y el ser ejecutivo cobrador
de la Muerte

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, Edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh Muerte fría,
Pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz, de tierra el débil muro escalas,
En quien lozana Juventud se fía
Mas ya mi Corazón del postrer día
Atiende el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh Condición mortal! ¡Oh dura Suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
Sin la pensión de procurar mi Muerte!

Cualquier instante de la Vida Humana
Es nueva ejecución con que me advierte
Cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

Fr. de Quevedo (1580-1645)

 

Texto enviado por Òscar Pérez Silvestre

Lamentación de la muerte

A Miguel Benítez

Sobre el cielo negro,
culebrinas amarillas.

Vine a este mundo con ojos
y me voy sin ellos.
¡Señor del mayor dolor!
Y luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Quise llegar adonde
llegaron los buenos,
¡Y he llegado, Dios mío!...
Pero luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Limoncito amarillo
limonero.
Echad los limoncitos
al viento.
¡Ya lo sabéis!... Porque luego,
luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Sobre el cielo negro,
culebrinas amarillas.

F. García Lorca (1898-1936). Poema del cante jondo, 1921-1922.

 

Texto enviado por Òscar Pérez Silvestre

Muerte a lo lejos

Alguna vez me angustia una certeza,
y ante mí se estremece mi futuro.
Acechándolo está de pronto un muro
del arrabal final en que tropieza

La luz del campo. ¿Mas habrá tristeza
si la desnuda el sol?. No, no hay apuro
todavía. Lo urgente es el maduro
fruto. La mano ya lo descorteza.

... Y un día entre los días el más triste
será. Tenderse deberá la mano
sin afán. Y acatando el inminente

poder diré sin lágrimas: embiste,
justa fatalidad. El muro cano
va a imponerme su ley, no su accidente.

Jorge Guillén (1893-1984). Cántico, 1928.

 

Texto enviado por Ángel Gago Condado

¡Ay Muerte! ¡Muerta seas, muerta e malandante!
Mataste a mi vieja, ¡matasses a mí ante!
Enemiga del mundo, que non as semejante,
de tu memoria amarga non sé quien non se espante.

Muerte, al que tú fieres, liévaslo de belmez,
al bueno e al malo, al rico e al refez,
a todos los egualas e los lievas por un prez,
por papas e por reyes non das una vil nuez.

Non catas señorío, debdo nin amistad
con todo el mundo tienes cotiana enamistat
non ay en ti mesura, amor nin pïedad,
sinon dolor, tristeza, pena e grand crüeldad.

Non puede foír omne de ti nin se asconder,
nunca fue quien contigo podiese bien contender
la tu venida triste non se puede entender,
desque vienes non quieres a omne atender.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor.

 

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