Furor amoris
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Textos clásicos

 

La locomotora lanzó un silbido triste y estremecedor. La trágica belleza de la tempestad le parecía ahora a Ana aún más atractiva: acababa de oír las palabras que su razón rechazaba, pero que su corazón deseaba. Guardó silencio. Pero Vronsky leyó en su rostro la lucha que mantenía en su interior.

 

Ana Karenina, L. Tolstoi,

Madrid, El Mundo, 1999, p.110

 

  AMANTE QUE NO PUEDE OLVIDARSE DE AMOR

Y SEGUIR LA RAZÓN

 

      Se rindió el corazón, cegó el sentido,

con propio aplauso, bella tiranía

en actos libres la razón porfía

y a sacudir el yugo obedecido.

 

    Mas, ¡ay!, que en las acciones de perdido,

tal premio el alma halló, que si me guía

al olvido de Amor la razón pía,

bebo nueva memoria en el olvido.

 

    ¡Oh para nuevo mal, por medio extraño,

ilustrada razón, ciego deseo,

pues viendo la verdad, sigo el engaño!

 

    Mal tendrá la razón de Amor trofeo,

si le defiendo a Amor mi propio daño,

cuando en favor de la razón peleo.

 

 

Antonio Alvares Soares,

en Poesía de la Edad de Oro II (Barroco), José M. Blecua (ed.),

Madrid, Castalia 1984. P. 306-307

 

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