[XVIII]

 

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Texto latino

CAPÍTULO XVIII

 

Sobre la conjunción.

 

          La conjunción no une palabras, como neciamente se dice, sino oraciones en efecto, cuando se dice emi equum centum aureis et pluris, la frase sintácticamente completa es: ego emi equum centum aureis et ego emi equum pretio pluris aeris Petrus et Paulus disputant es Petrus disputat et Paulus disputat. Distinguir los significados de la conjunción no es, como dije en el caso del adverbio, función del gramático y es que, si nos atenemos al punto de vista gramatical, todas son conjunciones, es decir, todas unen, aunque parezcan separar efectivamente, ¿por qué va a unir menos dormit aut uigilat que dormit et uigilat? En el significado son muy diferentes en el aspecto gramatical, son iguales. Sin embargo, para una mayor claridad, las voy a clasificar:

                    Copulativas siempre: et, que, nec, neque, ac, atque, quoque, etiam, item, itemque.

                    Copulativas circunstancialmente: quum, tum, si, sin, nisi.

                    Disyuntivas: aut, uel, ue, siue, seu, an, necne, utrum si bien esta última es un nombre.

                    Adversativas: at, sed, porro, tamen, tametsi, etsi, licet, quanquam, quamuis, autem.

                    Ilativas o conclusivas de un silogismo, que van siempre al final del mismo: ergo, igitur, ideo, itaque, quocirca, proinde, quare, quapropter aunque estas dos últimas son más bien nombres, concretamente: qua de re y propter quae.

                    Causales, a las que sigue una causa: nam, nanque, enim, enimuero, etenirn, quia, quoniam siquidem, quippe, utpote, propterea quod, quod, según la opinión de los gramáticos para mí es siempre nombre relativo, en el que se sobreentiende una preposición.

                    Declarativas: ut, uti, uelut, ueluti, sicut, sicuti, ceu, tanquam.

          De todas formas, para el gramático sería suficiente, como he dicho, si a estas tres últimas partes las llamamos simplemente partículas indeclinables y así se limitaría la función del gramático perfecto.

          Y hasta aquí lo que se refiere a la naturaleza de las seis partes de la oración. Pasemos ahora a la construcción.

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